ENTREVISTA JORGE D'ALLESANDRO 
“En España recibí un premio muy grande y también me citaron a la Selección”

La historia de un arquero argentino que salió de un San Lorenzo multicampeón, pero brilló en el fútbol español, donde es un reconocido como uno de los mejores porteros extranjeros. El día de su cumpleaños 71, volvemos a recorrer su rica trayectoria en una dialogo íntimo en Madrid al poco tiempo de recibir el Premio Zamora.

Por Jonatan Fabbian

“Es un premio grande. Imagínate tú que en Argentina asciende Gimnasia y Esgrima de Jujuy, juega su primera temporada en Primera División, más de 30 partidos y tiene al arquero menos batido. ¡Impensado!”, relata con una descripción más que atinada Jorge D’Allesandro. Poco conocido en Argentina, sus atajadas defendiendo al Salamanca revolucionaron la Liga Española en los años setenta.

Una historia ahora laureada tras recibir el Premio Zamora como el mejor arquero de las temporadas 1974/75 y 1976/77. La premiación que el prestigioso diario MARCA hace en España a los mejores jugadores la Liga en cada año. Y el pasado 16 de diciembre de 2019, además de otorgarle a Lionel Messi el Premio Pichichi por ser el goleador de la temporada y Jarlen Oblak el Zamora por ser el menos goleado, tuvo la distinción de darle un valioso trofeo a Roberto Jorge D’Allesandro Di Ninno que le hubiese correspondido en dos temporadas en las que relució bajo los palos de Unión Deportiva Salamanca en Primera División.

Distinción que correspondía por haber jugado más partidos sobre los galardonados en su momento. Y con más jugados, el coeficiente de goles recibidos es más valioso por una reglamentación de MARCA en ese punto años más tarde.

D’Allessandro es un futbolista rico en trayectoria y un hombre que sabe contar, por lo que una entrevista se transforma en una charla entre argentinos en Madrid por más de una hora, aprovechando del calibre de sus vivencias y de que siempre está dispuesto para “atajar” todas las preguntas…

Brindisi, Rezza y D’Alessandro, duelo de argentinos en el Insular

¿Es un poco osado pensar que jugaste todos los partidos en la primera temporada y tuviste vaya menos vencida con Salamanca?

¡No tengas dudas! Pero sucedió… (asiente entre risas). Es un premio creado para los grandes. Ya te expliqué el significado. ¡Recién ascendidos! Éramos 23 jugadores, todos debutantes en la categoría. Nos trajeron a (Ricardo) Rezza y a mí que hicimos un gran torneo. Para este Premio Zamora que recibí, Ricardo Rezza fue un jugador determinante. Un fuera de serie, era un pulpo jugando y tuvo un rendimiento espectacular.

Imagínate el contexto. En ese momento histórico, te lo describo con una frase que decían aquí en España: “La derrota digna”.  La derrota digna era a lo que aspiraban los equipos chicos, significaba jugar de visitante sin ser goleados. “¡Qué no nos metan tres, significa que juguemos de puta madre!”, me decían… a lo que yo respondía como un loco: “¡Chicos vamos a ganar esta batalla”!

Imagino que con la mentalidad que venías de Argentina, lo de “derrota digna” ni se te cruzaba por la cabeza.

Ni de casualidad. Había sido campeón en cuatro temporadas con San Lorenzo. Parte del plantel de Los Matadores, jugué un partido y medio, contra Atlanta y después ante Platense. Con los jugadores que había en ese equipo, no pensábamos perder en ningún partido. Venía de un San Lorenzo, donde solamente el ganar era lo fundamental y formadores de categoría con esa mentalidad. Y te vuelvo a repetir lo de “derrota digna” … ¡Qué frase increíble!

San Lorenzo campeón Nacional 1974. Luego de ese logro, el plantel partió de gira a España cuando D’Allesandro fue visto y fichado por el Salamanca.

El Gordo surgió de las divisiones inferiores de San Lorenzo, donde fue integrante de gloriosos planteles campeones en Boedo. Con 17 años, atajó en dos partidos de la campaña de los famosos Matadores que lograron el título de manera invicta en el Nacional 1968. En aquella gesta comandada en el banco por el brasileño Tim, creció al lado de futbolistas de la talla del Bambino Veira, Victorio Cocco, Pedro González, la Oveja Telch, el Tucumano Albrecht y el Lobo Fischer, entre otros jugadorazos. “¡Entre todos ellos, estaba yo!”, afirma con orgullo quien atajó un penal ante Platense, en un partido que culminó igualado en ese torneo, aportando su granito de arena para el invicto de uno de los equipos más recordados del fútbol argentino.

Luego fue bicampeón Nacional y Metropolitano en 1972 con Juan Carlos Lorenzo como entrenador; y en el Nacional de 1974 con Osvaldo Zubeldia. Sin embargo, nunca pudo afianzarse como titular en el puesto. Por lo que ni dudo cuando se interesaron por él en Salamanca, donde desembarcó junto a Ricardo Rezza, por entonces defensor central compañero en el San Lorenzo del Toto Lorenzo y de Zubeldia. Decisión acertada por ambos, pues fueron figuras y referentes de un equipo recién ascendido, a tal forma que por seis temporadas el club se mantuvo en primera mitad de tabla de la poderosa liga española.

D’Allesandro al arco y Ricardo Rezza capitán en San Lorenzo, una fortaleza defensiva que se repetiría en Salamanca.

Ustedes llegaron gracias a que en España se volvió a permitir dos jugadores extranjeros por equipo…

Cuando se reabrió el mercado a los extracomunitarios que había estado cerrado por años. Por ejemplo, estaba Pinino Más en Real Madrid, Cruyff en Barcelona, Kempes en Valencia. Y dos desconocidos auténticos: Rezza y D’Allesandro en el Salamanca. Zubeldia después de un gran partido amistoso que jugué en Córdoba me dijo que yo iba a jugar, pero en una gira por Italia y España, entrenamos una semana en Salamanca, jugamos en gran nivel y nos ficharon. Así que nuestra aventura junto a Ricardo, por demás exitosa, en un equipo recién ascendido fue una cosa de ciencia ficción. Fue cómo derribar un muro con una gomera.

También estuvo Alberto Aguirre Suárez -aguerrido defensor de la época dorada de Estudiantes de La Plata-, pero casi no jugó porque tuvo una lesión y quedó roto, pero fue importante su presencia en el plantel aportando espíritu ganador de la época de Zubeldia, contando anécdotas de Bilardo para culturizar al jugador español.

“Mire pibe: el arquero es como una bailarina. Usted debe estar en punta y planta, para entrar en acción con la velocidad. Si está de talón, ha perdido una décima de segundo, ¡qué es un siglo en el área!”.

RENATO CESARINI A D’ALLESANDRO

¿Qué importancia tuvieron las ideas de Menotti y Bilardo a nivel mundial?

Marcaron una tendencia. Pero yo creo que antes hay una cultura muy importante en el fútbol argentino… como Renato Cesarini, Osvaldo Zubeldía y Toto Lorenzo. Yo soy de esa cultura. No puedo negar a esos maestros como Cesarini.

Una vez entrenando junto al Loco Gatti, él estaba en la Selección Mayor y yo en la Juvenil. Renato era director de todas las categorías, y en el Monumental hacíamos partido. Entonces viene y me dice: “Mire pibe, el arquero es como una bailarina” … “¿Cómo maestro?” … “Sí, en punta de pie y planta, nunca usted esté de talón para entrar en acción, porque si usted está en punta y planta, va a actuar con la velocidad. Si está de talón, ha perdido una décima de segundo, ¡qué es un siglo en el área!”. ¡Y me quedó grabado! Entonces yo siempre estaba de punta de pie, en una acción de vigilia que me iba a pasar algo e iba a actuar con una velocidad de vértigo. Y después tuve grandes maestros también.

¿Y qué te quedó de Juan Carlos Lorenzo?… fue quién te marcó sobre tu peso…

¿La sabés? Efectivamente, Juan Carlos me dio la lección que marcó mi vida futbolística. Yo tenía gran tendencia a engordar. Siempre tenía algún problema de kilos. Y estaba con 99 kilos…

“¡¿Cómo va a atajar así?! Imagínese que un camión de la mudanza está bajando un piano en la escalera. Viene un centro e imagínese que tiene un piano en el hombro. ¿Cómo va a saltar con un piano? Usted nos tiene que salvar el partido y está jugando con el peso de un piano”.

JUAN CARLOS “TOTO” LORENZO A D’ALLESANDRO

Aparte no eras arquero titular…

Exacto. Estaba jugando mi destino. Siempre en San Lorenzo me jugué mi destino. Me formaron, me dieron todo y no me quitaron nada. Tengo más de cien partidos en Primera, pero nunca me consagré en San Lorenzo. Fue mi formación, pero me consagré en Europa. Yo alto, de 1,92 metros, siempre fui una persona de muchos quilates. Era un tipo muy ágil estando bien entrenado. Pero en un momento tenía casi 100 kilos y Lorenzo entra al vestuario y grita ante todos: “¡¿Cómo va a atajar así?! Imagínese que un camión de la mudanza está bajando un piano en la escalera. Viene un centro e imaginase que tiene un piano en el hombro. ¿Cómo va a saltar con un piano? Usted nos tiene que salvar el partido y está jugando con el peso de un piano”.

Era un pibe de 18 años en el vestuario con figuras matándose de risa, y yo llorando. Aprendí que eso no me iba a pasar nunca más. Me obligó a saber que mi enemigo era la balanza. Si estaba en forma, con 90-91 kilos, eran un fenómeno. Esa enseñanza fue clave en mi carrera.

¿Qué tipo de arquero eras vos?

Yo estoy en la línea de Antonio Roma, de Amadeo Carrizo…. En Argentina surgió la figura del portero clásico convencional cómo Roma y Carrizo. Pero como Menotti y Bilardo, hay dos modelos antagonistas. Después surge la figura del Loco Gatti, que no es el pionero en ese estilo moderno, el pionero es Néstor Martín Errea de Atlanta y después aparece como un sucedáneo Hugo Gatti. Luego Biasutto e inclusive el Pato Fillol, que es un portero mixto. El Pato estaba entre lo convencional y lo moderno.

Hay una historia que en la grada un hincha pregunta “¿dónde está el arquero de Salamanca?”, y le responden “No se preocupe, es aquel que está afuera del área”.  Yo era un avanzado en ese momento, ya que jugaba mucho fuera del área y anticipaba. Quizás yo no era tan buen portero como mi capacidad intuitiva. Era muy analítico. El juego lo analizaba desde el jueves antes de dormir, entonces para el domingo ya lo había jugado siete veces. Sí no soy bueno, sí tenemos un equipo de mierda y somos lo menos goleado. Algo bueno tengo que tener ¿Cuál es el secreto? La planificación.

¿Cómo fueron esas épocas en San Lorenzo?

No sabes lo que sufrí yo en San Lorenzo… hasta cuando jugaba seguido en buena forma. Cada vez que perdíamos un partido me echaban la culpa a mí. Lo peor que hay es ser arquero de cantera, es jodido te digo. “Para ser campeón de liga: arquero comprado”, es una vieja frase que decíamos. Todos los equipos que han sido campeones de liga en Argentina créeme que tenían arquero comprado. Porque el arquero de divisiones inferiores, es problema: nunca triunfa. No sé ahora, pero yo hablo del verdadero campeonato que yo viví de una temporada larga de 38 partidos.

Jorge D’Allesandro al arco y Ricardo Rezza capitán, la fortaleza defensiva argentina en versión Unión Deportiva Salamanca. En la temporada 74-75,  con un equipo recién ascendido a la primera liga española, D’Alessandro fue el mejor arquero realizando un pleno de partidos de 34 encuentros jugados y 29 goles recibidos, un promedio 0,85. Número que le valió para ser condecorado con su primer Premio Zamora.

¿Es decir que cuando surgió jugar en España ni lo dudaste?

Totalmente, y aunque no vi nada del dinero del pase, preferí ir para Europa. Porque sabía que tenía graves problemas de desarrollo. Nunca iba a tener la titularidad definida en San Lorenzo. Mi futuro no estaba claro y yo me sentía fuerte. Sabía que por más que Zubeldia me quería como titular, iba a tener problemas. Porque cuando se pierdan dos partidos, se iba a apuntar a mi cabeza. Entonces venir a la liga española de 18 equipos con posibilidad de solo dos extranjeros, y yo ocupar una plaza con un recién ascendido a primera: también era como que te toque la lotería.

Y te pretendió la Selección Española por entonces….

A mí me citan para jugar un partido importante ante Irlanda del Norte, pero no pude porque allá -en Argentina- había jugado para la Selección Juvenil. Me llamó el secretario general de la Selección Española y firmé la autorización para que me seleccionen. Pero cuando mandan la lista a FIFA, reboté por ser internacional como argentino -en la Juvenil-. Me queda la satisfacción de que eso fue una consecuencia del gran momento que tuve en el fútbol español.

¿En la Selección Argentina estuviste cerca por entonces?

No, porque ni se me mencionaba cuando acá era un portero muy importante. Pasó una cosa que, en el año 75, cuando viene en la reapertura del libro de pases, después de mi primera temporada: todos querían tener un arquero argentino en el equipo. Pero que la prensa argentina que nunca me haya reconocido me dolió un poco. Por eso ni existió la posibilidad de que Menotti me llame. Por entonces, el argentinismo a todo lo que era de Europa se lo rechazaba.

Sin embargo en España debido a mi gran nivel surgió un eslogan: “Ponga un un argentino en la portería de su casa”. Porque después de mí, vino Carnevale, Santoro, Fenoy, Mazurkiewicz todos los equipos tenían un portero argentino o uruguayo.

No tengas dudas que fui el que hizo la revolución en ese tema. Y eso que solo había dos plazas, no es como ahora que hay extracomunitarios a mansalva. Pero muchos la ocupaban con un arquero argentino o uruguayo.

Físicamente un diez, el argentino dueño de una elasticidad propia de un aquero duro de batir. Acá despejando una pelota bajo la mirada de Ricardo Rezza. Salamanca protegido, un símbolo de la defensa menos goleada en dos torneos. En la temporada 76-77, D’Alessandro participó en 31 partidos de los 34 totales, jugando los 31 de forma completa y encajando 30 goles. Un promedio de 0,967 para ser merecedor de su segundo Premio Zamora.

¿Te dolió que no se te reconozca en Argentina?

No tengo ningún tipo de rencor. Pero claro que me dolió: a mí me hubiese encantado jugar en la Selección Argentina. Era merecedor por lo menos de integrar parte de un plantel mundialista por mi forma deportiva. Estuve en gran nivel por diez años desde que aterricé en España en el 1974. Pero bueno, pasó que no estuve ni cerca. Si fuera hoy, yo sería arquero titular de la Selección.

Además estabas en un nivel competitivo muy alto…

Jugaba en una Liga de 18 equipos durísima, donde yo era intocable en Salamanca y disfrutaba de enfrentar a jugadores como Kempes y Cruyff. En la era sangrienta del país, donde la liga española era absolutamente selectiva y los extranjeros ocupaban cupo. La gente no se da cuenta lo que era la España de Franco. La España de los miedos, la España de los complejos y la España, que te comentaba anteriormente, de la derrota digna. Por eso la magnitud de lo que te estoy contando: todos los muros que hubo que derribar.

Por eso toma gran dimensión haber permanecido en un equipo recién ascendido, poniendo al Salamanca entre los primeros ocho de temporada en casi diez años…

Ha habido dos cosas muy importantes, teníamos corazón con gran espíritu y la voluntad, que aquel músculo que tenemos oculto. La voluntad es su músculo que todas las personas tienen oculta. Una persona con voluntad de levantarse, voluntad de hacer ejercicio, voluntad a estudiar, voluntad a trabajar…. ¡Voluntad: es lo que mueve todo!.

D’Allesandro en acción con la pelota en sus manos. Rezza custodiando a su arquero en Salamanca.

¿Qué cosa te marcó jugar tanto tiempo en Unión Deportiva Salamanca como un referente?

Aquí lo que me marcó fue la responsabilidad. Me encontré en un entorno donde se me “entregó el equipo”. A (Ricardo) Rezza y a mí se nos entregó toda la responsabilidad. Jamás hicimos una alineación con José Luís García Traid (entrenador del equipo). Contadas ocasiones tuvimos alguna sugerencia, pero yo las evitaba. Lo más destacable que desarrollamos son dos cosas fundamentales: la voluntad y el corazón. Son los músculos que no fallan. Uno es invisible y el otro visible para conseguir el éxito. Para mí, no hay otros valores más importantes en la vida: el valor invisible de la voluntad es fundamental, que es el músculo invisible, y el corazón es ese músculo visible que te transmite la energía.

Jose Luis Garcia Traid, entrenador leyenda de U.D. Salamanca, junto al mejor portero de la historia del club: Jorge D’Allesandro

En Salamanca no quedan dudas de la figura del Gordo D´Allesandro bajo los tres palos del coqueto Estadio Helmántico. Hasta perdió un riñón jugando y luego volvió con una recuperación asombrosa. Un arquero que dejó su imborrable marca en una institución que ya desapareció, pero hoy vuelve a cobrar vida con un premio que quedá como un título para Unión Deportiva Salamanca.

En España, es un respetado ex entrenador, comentarista de fútbol y además es director de fútbol base en el club Santa Marta de la ciudad, donde desarrollan a niños desde temprana edad. Todo un emblema del deporte salmantino, hay un complejo deportivo llamado “Zona Deportiva Jorge D’Allesandro”. El Premio Zamora que se le otorgó 45 años más tarde, lo entregó al ayuntamiento de Salamanca, donde hoy reluce. Y aunque poco se lo nombró en nuestro país, D’Allesandro porta una condecoración única: el portero argentino de mejor nivel en la historia del fútbol español.

D’Allesandro con su familia, el día que fue distinguido con el Premio Zamora por dos temporadas.

LA HISTORIA DE PERDER EL RIÑÓN JUGANDO Y VOLVER

Fue un golpe en Bilbao un centro por detrás y casi me muero… Era otro fútbol, intimidatorio, el Athletic iba ganando al Salamanca. Y se produjo ese encontronazo, que a la vuelta en el autobús sucede que orino sangre y me llevan de urgencia la hospital. Casi me muero de transfusiones. Aquello fue absolutamente una odisea. Fue episodio muy complicado, pero yo siempre pensé en volver.

Tuve la posibilidad de que me ofrecieran homenajes de distinta índole pensando que no volvía más. Hasta hubo ideas de partidos amistosos con la selección española, con el Real Madrid, también del Athletic Bilbao, hasta se ofreció el campeón de la Recopa para enfrentarnos… no sé cuantas invitaciones y no acepté. Aparte reglamentariamente yo no tenía invalidez. En las leyes del jugador de fútbol no estaba en la Seguridad Social. Ni siquiera estaba protegido.

Gracias al presidente de la Federación que era Pablo Porta, quien había tenido un problema renal, me ofreció la posibilidad de visitar a los dos mejores especialistas del mundo que ya comenzaban el trasplante. Eran el profesor Gil Bernet y el profesor Puigvert que había operado inclusive al general Perón. Exactamente había le operado el riñón tal cual. Y entonces me autorizaron para poder jugar. Es decir que el riesgo de competir con un riñón fue avalado por ellos, una cosa impensable en la época. Asumí el rol y volví. Y volví con todo contra natura, pero volví.

No te imaginas. Me habían abierto así -señala un tajo grande-. Me caía con los abdominales… lo que fueron los cuatro meses que tuve para recuperarme: sesiones de mañana y tarde. Era terrible el esfuerzo para entrenar doble. Cuando hablo de voluntad: eso sí fue voluntad. Porque me habían abierto a lo ancho, tengo una cicatriz, me rompí como una bisagra… entonces para empezar otra vez tuve que poner una voluntad enorme, porque la columna vertebral de un portero es la barriga y los abdominales. Por lo que me enfoqué en recuperar todas esas horas para poder estar otra vez muy bien. Me recuperé y pude jugar cuatro años más.

El efecto espejo a una sociedad: que un enfermo de riñón y una persona absolutamente descartada, se reinsertó en la parte deportiva activa y profesional hasta asentarse. Eso para mí fue fundamental. Y después por otro lado he dicho que podía competir deportivamente con garantías.

El fútbol ha sido todo. Una manera de vivir y de sentir. No interpreto la vida desde otra perspectiva. Un arte, un cúmulo de valores… todo… la amistad, el amor…. Todo está englobado en una pelota. Y mi familia ha girado alrededor de ello. Me han interpretado, sino no me hubieran aguantado.

EL FÚTBOL EN LA VIDA DE JORGE D’ALLESANDRO

SU VIDA FUERA DEL ARCO: SIEMPRE EN EL FÚTBOL

En la campaña 1983/84 comenzó su labor como entrenador en las categorías inferiores del Salamanca. En la 1990/91 llevó al Figueres a jugar la promoción de ascenso a Primera, pero no lo consiguió y más tarde intentaría lo propio con el Betis, pero tampoco tuvo éxito. Debutó en Primera con el Atlético Madrid en 1994 y pese a mantener la categoría, Jesús Gil no le renovó, aunque a la siguiente temporada le contrató de nuevo en la segunda vuelta de la Liga, pero fue destituido en marzo.

En la temporada 1995/96 entrenó por primera vez al Salamanca, pero no pudo evitar su descenso a Segunda y a la siguiente temporada llevó al Mérida a Primera. Pasó en dos ocasiones por el banquillo del Elche antes de regresar al Salamanca, con el que acabó séptimo en una distinguida campaña. En 2003 dirigió durante unos meses al Rayo Vallecano y en 2010 consiguió la permanencia en Segunda de nuevo con el Salamanca. En 2011 firmó el descenso del Nástic y en 2012 el del Huesca.

Luego eligió seguir en su rol de comentarista, donde al día de hoy es una palabra respetada en el programa de fútbol más visto en televisión española: “El Chiringuito”.